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lunes, 11 de junio de 2012

Vacío


Ese agujero en el estómago que se me queda cuando me despido de la gente. Las despedidas (*suspiro*): Menuda puta mierda de invento éste. Me siento inestable, perdido, sin rumbo, mirando hacia ninguna parte. El estómago se me rompe en dos mientras veo alejarse a la gente.
Y no solo me pasa en las despedidas. Ya no hablo del hecho en sí, sino de la sensación. Te invade el frío, el desequilibrio, el sinsentido, la inquietud de una fragilidad que se ve expuesta al exterior. Estás tú frente al resto de peligros que acechan a tu seguridad. Ellos se van, no sabes si volverán, y esa inseguridad crea aflicción. La aflicción se convierte en apatía y pesadumbre. Desgana. Siento desgana por lo que vendrá. Sinceramente, no me importa.
Mis padres cruzan el control de seguridad del aeropuerto y yo sigo mi rumbo después de alzar las manos en señal de "adiós" hacia mis padres. Mi madre me mira con los ojos medio en lágrimas (intenta no llorar porque cree que yo pienso que es innecesario y ridículo). Sé que lo exteriorizo así, pero no soy capaz de decirle que prefiero que llore.
Y así pasan los segundos. Hasta que vuelvo a la normalidad después de escribir estas líneas. Imagino que después de esto no pasará nada, todo seguirá igual y el curso de mi vida no cambiará. Pero ese momento es horrible. Odioso diría yo. ¡No lo soporto!
Ese momento de quebranto.
Y después, durante un tiempo, el vacío.

"Wish You Well" - Katie Herzig

domingo, 13 de mayo de 2012

¿Por qué la gente se empeña en inculcarte su modo de ver las cosas?

¿Qué es la felicidad? ¿Es cierto que hay un concepto unánime para definirla? Me niego a creer en ello. Esa palabra no debería existir en el diccionario. Es demasiado preciada como para que una sola persona decida qué o cómo es un 'beatus modus vivendi'.
Mucha gente me dice: "Haz ésto así porque te gustará más", "No hagas eso por Dios, que seguro que está mal", "¿Por qué no haces ésto? Si no lo haces eres tonto, estás desperdiciando tu vida". ¿Perdona? ¿Me puedes explicar quién eres tú para dictaminar qué cosas me hacen a mi feliz? Por muy amigo mío que seas, por muy familiar que me resultes, por muy conocido que seas, no tienes derecho a juzgar lo que es bueno para mí. Yo decido lo que me hace feliz. Es más, ni siquiera lo decido yo, lo decide mi cuerpo, mis gustos, mi subconsciente.
Y todo ésto viene por mi estancia en Londres. Desde que estoy aquí mucha gente me dice: "¿Has ido a X?", "¿Has visto X?", "Imagino que habrás disfrutado de X, ¿no?", "Si yo estuviera ahí haría X", "Cuando veo que estás todo el día en casa me dan ganas de decirte X",... ¡NO! ¡No joder, NO! Si no lo hago mis razones tendré. O simplemente será porque no me gusta lo mismo que a tí, ¿no crees? Simplemente no me divierte ir allí, hacer eso o visitar aquello. ¡No me sale de las narices y punto! ¿No es suficiente para ti? Si quieres hacer eso y a ti te hace feliz ven aquí y hazlo. A mi no me sale del... alma hacer eso y no lo hago.
Y no por eso tienen que recriminarme nada. Mi Yo decide qué le apetece hacer y qué no. Y porque no sea divertido para ellos no significa que a mi no me satisfaga. ¿Que eso es lo que suele hacer todo el mundo o la mayoría de gente? ¡Me parece estupendo! Bravo por ellos, chapeau. Pero que no intenten inculcarme su modo de ver las cosas. Sugerencias acepto, pero desprecios y rechazos por lo que a mi me hace feliz o no o por lo que me gusta o no, no.
Por ahí no paso. 

"When I Held Ya" - Moa Lignell

martes, 1 de mayo de 2012

Despedidas

Siempre me pasa lo mismo. Varios días de felicidad desenfrenada, de despreocupación extrema, y de repente, el vacío. Nada. Un abismo que se cierne en mi corazón. Una sensación fría de vacuidad que recorre cada parte de mi cuerpo, sale del pecho y se extiende a cada extremidad infinita.
Casi todas terminan igual, con esa dicha y esa alegría alejándose, como si en un segundo se esfumara y nunca jamás tuviera que regresar. Nunca quiero que llegue el momento, pero una vez está ahí, lo tengo delante y me abofetea en la cara, es como si extendiera el brazo para cogerlo, pero no puedo; escapa de mis dedos inexorablemente.
Y es que últimamente las he sufrido bastante. Prefiero no contarlas, porque aunque parece que sean pocas, para mi se hacen eternas. Amigos o familiares que vienen de visita, te alegran cada minuto que pasan contigo, ríes, nacen anécdotas que en el futuro recordaréis, te cuentan sus historias, tú les cuentas las tuyas, llega el día D, ¿y qué? Todo eso desaparece físicamente.
De las peores despedidas prefiero no hablar. Esas que sabes que nunca van a regresar, que no tienes opción de volver a repetir. Como si de una cinta VHS se tratara, estas despedidas no las puedes rebobinar, como mucho grabarlas en tu mente para pensarlas después. Nunca he sido de recordar. Llamadme iluso, narcisista incluso, pero prefiero volver a experimentar, antes que tener que recordar, por muy grato que sea el recuerdo.
¿Por qué no podrán durar eternamente esos momentos? ¿Acaso no somos dueños de nuestra vida y nuestras decisiones? ¿No podemos permanecer imperecederamente felices? ¿Quién mueve los hilos de forma que tengamos que despedirnos de la gente? Las despedidas suponen el fin de algo. Lo que yo me pregunto es si también suponen a la vez el comienzo de algo nuevo. Algo confuso.
(Me he decidido a poner una canción al final de cada entrada del blog. Generalmente será la canción que he escuchado mientras he estado escibiendo la entrada. Espero que os ayude a hacer la lectura más amena, como me lo ha hecho a mi la escritura). 
"Shadow Days" - John Mayer

viernes, 13 de abril de 2012

Mentiras

 Hola Dani, ¿te acuerdas de mi? Soy tu conciencia, la que parece que olvidaste junto al cordón umbilical o cada vez que empiezas una mentira. Vengo acompañada de tus remordimientos y te vamos a joder el post, a ver si cambias ya de una vez, que falta te hace hijo... 
 ¿Eres consciente de que si te pusieran un polígrafo serías considerado del 3% de los psicópatas que aunque mienten, el polígrafo determina que dicen la verdad? Lo peor de todo precisamente es eso, que tú mismo te crees tus propias mentiras. Esto hace mucho tiempo que debería habértelo dicho, pero por alguna extraña razón siempre me evitas. Será que tienes miedo a enfrentar tus propias mentiras. O tus propias verdades, que aún es peor.
 Acéptalo: Tu vida gira en torno a miles de ellas. El problema es que no basta con solo aceptarlo, tienes que actuar y cambiar esa asquerosa faceta tuya. Pero claro, ahí está mi enemiga más acérrima: la vagancia, la holgazanería que como si del Diablo del otro hombro que se aparece se tratase, impide que haga mi trabajo. Y claro, la solución más rápida y eficaz que encuentras para salir de tus enredos es mentir. Pero ya estoy harta ¿sabes? ¿No te das cuenta de que así destrozas tu vida?
 Hace días que me harté y estallé, tú sabes muy bien de qué te hablo. ¿Cómo puedes tener la semejante sangre fría de mentir sobre ciertas cosas? Algún día te van a coger, y no esperes que nadie esté ahí para ayudarte, ya que gracias a tus propias mentiras, les habrás perdido.
 Sinceramente creo que lo tuyo roza los límites de la mentira compulsiva, te lo digo muy en serio. Porque no solo te basta con contar mentiras de proporciones épicas, sino que encima exageras cualquier situación (sé que no es una mentira al 100%, pero exagerar es una forma de mentir). Cualquier anécdota que te haya pasado, cualquier situación en la que te hayas visto involucrado, la tergiversas de tal forma que suene mejor, o simplemente para que el público se enganche más a "la historia". De hecho, situaciones que imaginas solo tú las cuentas como si huberan sucedido en realidad, cuando sabes perfectamente que no ha sido así. Pero claro, crees que los demás estarán más atentos a eso que a tu simple y aburrida vida. ¿Puede ser que busques la atención que crees no tener?
 Dime, ¿qué consigues cuando cuentas mentiras? ¿Sentirte bien contigo mismo? Porque te voy a decir que estás bien equivocado; de otra forma, no estarías escribiendo estas líneas. De las cuales encima, tontito de ti, crees que va a nacer la redención que crees necesitar.
 Te digo una cosa muy en serio: Creo que la hostia que deberían haberte dado de pequeño no te la dieron. Así de claro. INTENTA CAMBIAR. CREO QUE TODAVÍA ESTÁS A TIEMPO.

 Y por cierto Dani, ya sé que no viene a cuento, pero ya que por una maldita vez hago acto de presencia, me voy a quedar agusto diciéndotelo: ¿Cuándo dejó de interesarte leer?